Más que generar ventas, las relaciones públicas construyen reputación, confianza y sostenibilidad a largo plazo. En tiempos de recorte presupuestal, invertir en percepción puede marcar la verdadera diferencia.
A lo largo de 30 años de historia en GJ Comunicaciones, hemos trabajado con más de 1.800 clientes de distintos sectores; y en este camino, hemos notado que un porcentaje significativo de ellos llega con una expectativa puntual: ver las relaciones públicas como un brazo del marketing, con el objetivo de aumentar las ventas a través de la gestión con medios de comunicación o el relacionamiento con audiencias clave.
Con frecuencia, nos preguntan si podemos medir el embudo de conversión o si contamos con fórmulas exactas para calcular el retorno de inversión de una estrategia de PR. Y si bien hoy existen herramientas que permiten rastrear clics en artículos orgánicos o atribuir tráfico a ciertas menciones en medios, es importante hacerse una pregunta más profunda: ¿cómo impactan las relaciones públicas la sostenibilidad de una organización?
Una compañía con una reputación sólida y coherente tendrá, con seguridad, más posibilidades de crecer y adaptarse en el largo plazo que aquella que no se esfuerza por construir ni proteger su imagen pública. Esto cobra aún más relevancia en un contexto donde los presupuestos de marketing se están reduciendo pues según datos recientes de Gartner, pasaron del 9,1% al 7,7% de los ingresos en promedio, lo cual nos permite pensar que esta realidad obliga a las empresas a repensar cómo y en qué invierten sus recursos, priorizando aquellas acciones que realmente construyen valor.
En este escenario, la reputación se posiciona como un activo intangible de alto impacto. Las relaciones públicas, la comunicación estratégica y el relacionamiento con stakeholders tienen la capacidad de abrir puertas que, generalmente, los medios pagos no logran. Construyen credibilidad, generan validación de terceros, permiten comunicar con transparencia en momentos clave y conectan emocionalmente con audiencias relevantes.
Además, las marcas que se comunican bien no solo venden más sino que también logran atraer talento calificado, construir alianzas estratégicas, ser reconocidas por sus prácticas responsables e innovadoras, y avanzar con mayor solidez en temas como la inclusión, la equidad de género o los compromisos ESG.
Por eso, si bien no es equivocado decir que el PR puede contribuir a generar awareness, top of mind y eventualmente ventas, limitarlo a ese rol es desaprovechar todo su potencial. La verdadera esencia de las relaciones públicas está en visibilizar, transformar y fortalecer la reputación de las organizaciones y eso, sin duda, es lo que termina marcando la diferencia.
Finalmente, vivimos en un mundo donde las audiencias exigen mucho más que un buen producto o servicio. Se preocupan por el impacto social, la ética, la coherencia de los discursos y la transparencia de quienes están detrás de las marcas. En ese contexto, el PR deja de ser solo una táctica para convertirse en una herramienta estratégica de transformación, que se suma otras herramientas o canales de marketing como la publicidad, los eventos, la redes sociales, mailing, entre otras.
Entonces, en lugar de preguntarnos si las relaciones públicas generan ventas, tal vez deberíamos preguntarnos: ¿qué valor le estamos dando a la percepción, a la reputación y a la confianza que inspiramos como marca? para que los consumidores y los diversos públicos, más que comprar un producto, quieran ser una extensión del mismo. Toma tiempo, sin embargo, el valor es incalculable.
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