La necesidad de trascender el diploma

La educación que recibe un estudiante en la universidad se convierte en la semilla que le permite florecer en cada uno de los escenarios a los que se enfrentará después de recibir su diploma.

Pocas imágenes me preocupan tanto como la de un estudiante que se ve obligado a interrumpir su proceso educativo, quizás para nunca volver. Tristemente es la realidad de muchos en el país. Según lo registra el Banco Mundial, en 2018, 42% de los estudiantes universitarios en Colombia desertaron.

Por Darly Escorcia Saumett, vicerrectora de crecimiento y desarrollo de la Fundación Universitaria del Área Andina

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Las universidades debemos aceptar parte de la culpa. Les hemos fallado en nuestra función principal: ser un verdadero transformador de vida, no solo de cada estudiante sino de sus familias y en general a la sociedad.

Desde la Fundación Universitaria del Área Andina, creemos haber encontrado la forma de sobrepasar este problema que aqueja a la educación colombiana. Y con un porcentaje de permanencia del 95%  hemos sido exitosos. Esto se debe a que hemos encontrado ese delicado balance entre apertura y calidad que debe mantener una universidad.

Concepto de apertura

El primer paso para lograrlo es llevar a cabalidad el concepto de apertura. Es decir, reconocer que cada individuo puede encontrar su potencial profesional y personal si se le hace el acompañamiento adecuado a su proyecto de vida. Con esto en mente,  estamos siempre presentes en las decisiones que toma cada estudiante para escoger la vocación que mejor se adapta a sus gustos, habilidades y que le permita, no solo graduarse, sino ser un profesional exitoso. Con esta forma de pensar, alcanzamos un cubrimiento del 85% del territorio nacional y nos hemos posicionado como la cuarta universidad digital del país.

Más allá del diploma

Pero el balance pierde su valor si no se garantiza la calidad de cada programa. Esto solo es posible si se pone en primer lugar al estudiante en cada uno de los esfuerzos que hace la institución y se le dan las herramientas necesarias para que haga parte de la cultura de innovación que exige el mundo.

Más allá de atender las necesidades inmediatas de un estudiante, es necesario prepararlo para los cambios que ha de afrontar a futuro. Por eso, es necesaria la flexibilidad tanto en la estructura de los programas como en la de las instituciones.

La educación que recibe un estudiante en la universidad se convierte en la semilla que le permite florecer en cada uno de los escenarios a los que se enfrentará después de recibir su diploma. Y es que las historias de vida de nuestros estudiantes cuando se gradúan, son las que realmente nos dice qué tan bien venimos haciendo nuestro trabajo.

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